¡Enciende tu lámpara! (II): El Esposo se RETRASA
10-12-2017
“Como el esposo se retrasaba, les entró sueño a las diez y se durmieron…”

Año tras años, gritamos ¡Ven, Señor Jesús! Pero se retrasa.

Detrás de esta constatación está esa experiencia que muchas tenemos: nos gustaría que Dios fuera para nosotras, Dios, que fuera el único dueño de nuestro corazón. Que nuestras comunidades fueran, no voy a decir perfectas, pero sí manifestaran a través de unas relaciones más estrechas, más hondas, que la fraternidad universal es posible. Nos gustaría que la economía no beneficiara siempre a los mismos. Que cesaran las guerras, los atentados. Que los jóvenes de nuestros barrios no tuvieran que estar todo el día en la calle, aburridos y liándola. Nos gustaría que en esta Iglesia nuestra fueran calando los mensajes y gestos que proclama el papa Francisco. Nos gustaría no quedarnos tantas veces enredadas en nosotras mismas y en nuestras preocupaciones. En definitiva, nos encantaría poder mirar la realidad como la mira Dios. Pero el problema es que nos dormimos. No nos asustemos, los discípulos también se durmieron. Dos veces fue a llamarlos y…. nada.

¿Qué pasa cuando una duerme?
Pues simplemente no se sabe lo que pasa fuera de una. Se pierde la oportunidad de observar los acontecimientos que suceden en el mundo. Se pierde un tiempo precioso que puede ser vital. Toda la luz que produjeron las lámparas de las jóvenes, durante el tiempo en que estuvieron dormidas, no es de ninguna utilidad. Además, conforme se consumía el aceite, la luz se tornaba cada vez más débil.
Preguntémonos:

¿Qué situaciones me llevan a quedarme dormida en la vida, a cerrar los ojos, a vivir sin implicarme?

Quizá una vida demasiado pegada a lo material, vivir en la comodidad, incoherencias entre lo que siento, pienso, digo y hago…

¿Qué o quiénes tapan mis ojos?

Quizá vivir en la exterioridad, buscar el triunfo y el protagonismo, miedo a hacer submarinismo hacia lo profundo de una misma donde habita quien me ha hecho a su imagen y semejanza, miedo a mis incoherencias…

¿Qué me despista en la vida y me impide vivir abierta a lo imprevisible y cerrarme al paso de Jesús que viene a mi encuentro?

Quizá las prisas, estar tan ocupada en nuestras cosas y no en las suyas, tener todo demasiado controlado…

En los rituales palestinos de boda, el retraso del novio tenía una interpretación favorable: había tenido que negociar la dote de la novia porque era una muchacha de mucha valía… Por eso, cuando experimentamos el «retraso de Dios», podemos sentirnos de mucho valor ante Él y recordar las palabras de Isaías: «No temas, que yo te he redimido, te he llamado por tu nombre; tú eres mío, eres precioso a mis ojos y te amo…» (Is 43,1-2).

Vivir en actitud de espera, más que un tiempo concreto, es una actitud del corazón. Es estar atentas a las pequeñas cosas porque en medio de ellas está Dios. Él nos sigue guiñando el ojo en medio de la realidad. Nos dice continuamente: Me gustaría vivirlo todo contigo. ¿Me vas a dejar? ¡Ese es el “me gustaría” de Dios para con nosotras!

En este adviento traigamos al corazón todos aquellos “nos gustaría que”, dejando, al mismo tiempo que resuene esta frase de Gandhi: “tú debes ser el cambio que deseas ver en el mundo”.

M. Carmen Arroyo, cmt
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