Mensaje Pascual del Papa y bendición Urbi et Orbi
01-04-2018
María Fernanda Bernasconi – Ciudad del Vaticano

En su mensaje de Pascua el Papa afirmó que nosotros, los cristianos, “creemos y sabemos que la resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo, esa que no decepciona”. Sí, porque es “la fuerza del grano de trigo, esa del amor que se abaja y se entrega hasta el final, y que verdaderamente renueva el mundo”.

Fuerza que, como dijo el Santo Padre también hoy da fruto en los surcos de la historia, “marcada por tantas injusticias y violencias”. Da frutos de esperanza y de dignidad – dijo – donde hay miseria y exclusión, donde hay hambre y falta de trabajo, en medio de los prófugos y de los refugiados – tantas veces rechazados por la actual cultura del descarte” –, y también – prosiguió Francisco – da frutos a las víctimas del narcotráfico, de la trata de personas y de los diversos tipos de esclavitud de nuestro tiempo.

Hoy pedimos frutos de paz para el mundo entero
De ahí que el Pontífice haya afirmado que hoy “pedimos frutos de paz para el mundo entero”, comenzando por “la amada y martirizada Siria, cuya población está extenuada por una guerra que no ve el fin. Que en esta Pascua la luz de Cristo Resucitado ilumine las conciencias de todos los responsables políticos y militares, para que se ponga fin inmediatamente al exterminio que se está llevando a cabo, se respete el derecho humanitario y se proceda a facilitar el acceso a las ayudas que estos hermanos y hermanas nuestros necesitan urgentemente, asegurando al mismo tiempo las condiciones adecuadas para el regreso de los desplazados”.

Frutos de reconciliación
El Santo Padre también invocó “frutos de reconciliación para Tierra Santa, que en estos días también está siendo golpeada por conflictos abiertos que no respetan a los indefensos, para Yemen y para todo el Oriente Próximo, para que el diálogo y el respeto mutuo prevalezcan sobre las divisiones y la violencia”. “Que nuestros hermanos en Cristo, que sufren frecuentemente abusos y persecuciones – dijo Francisco – puedan ser testigos luminosos del Resucitado y de la victoria del bien sobre el mal.

Frutos de esperanza
Del mismo modo suplicó en este día frutos de esperanza para cuantos anhelan una vida más digna, sobre todo en aquellas regiones del continente africano que sufren por el hambre, por conflictos endémicos y el terrorismo. “Que la paz del Resucitado – prosiguió – sane las heridas en Sudán del Sur: abra los corazones al diálogo y a la comprensión mutua. No olvidemos a las víctimas de ese conflicto, especialmente a los niños. Que nunca falte la solidaridad para las numerosas personas obligadas a abandonar sus tierras y privadas del mínimo necesario para vivir”.

Frutos de diálogo
El Obispo de Roma imploró “frutos de diálogo para la península coreana, para que las conversaciones en curso promuevan la armonía y la pacificación de la región”. Pidió además “frutos de paz para Ucrania, para que se fortalezcan los pasos en favor de la concordia y se faciliten las iniciativas humanitarias que necesita la población”.

Frutos de consolación para el pueblo venezolano
Suplicó “frutos de consolación para el pueblo venezolano, el cual – como han escrito sus Pastores – vive en una especie de ‘tierra extranjera’ en su propio país. Para que, por la fuerza de la resurrección del Señor Jesús, encuentre la vía justa, pacífica y humana para salir cuanto antes de la crisis política y humanitaria que lo oprime, y no falten la acogida y asistencia a cuantos entre sus hijos están obligados a abandonar su patria”.

Frutos de vida nueva para los niños
Del mismo modo el Papa Francisco pidió que Cristo Resucitado traiga “frutos de vida nueva para los niños que, a causa de las guerras y el hambre, crecen sin esperanza, carentes de educación y de asistencia sanitaria; y también para los ancianos desechados por la cultura egoísta, que descarta a quien no es ‘productivo’”.

Frutos de sabiduría para los que en todo el mundo tienen responsabilidades políticas
Invocó además “frutos de sabiduría para los que en todo el mundo tienen responsabilidades políticas, para que respeten siempre la dignidad humana, se esfuercen con dedicación al servicio del bien común y garanticen el desarrollo y la seguridad a los propios ciudadanos”.

Por último, dirigiéndose a los queridos hermanos y hermanas presentes y a quienes lo seguían a través de los medios de comunicación, el Papa Bergoglio dijo que, al igual que a las mujeres que acudieron al sepulcro, están dirigidas a todos las palabras que dicen: “¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?”. “No está aquí”. “Ha resucitado”.

¡Feliz Pascua a todos!
Sí porque “muerte, la soledad y el miedo – explicó el Pontífice – ya no son la última palabra”. Hay una palabra que va más allá y que sólo Dios puede pronunciar: “Es la palabra de la Resurrección”. Ella, con la fuerza del amor de Dios, “ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos”. Y concluyó con su deseo de: “¡Feliz Pascua a todos!”.
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